Baltar abandona la política

Tras 33 años en política, de ellos 22 al frente de la Diputación de Ourense y con poder absoluto sobre el PP de la provincia, José Luis Baltar Pumar abandona la actividad pública. Renuncia a su acta de edil en Ourense y a la presidencia de la corporación provincial, sus últimos cargos institucionales tras ceder en enero de 2010 el mando del PP de Ourense a su hijo, y con él se va el último de los barones históricos del partido en Galicia y también el último referente del llamado sector de la “boina”, que junto con Francisco Cacharro y José Cuiña dio a la formación su carácter galleguista y contribuyó a hacerla una máquina electoral que llevó a Manuel Fraga a encarrilar cuatro presidencias de la Xunta consecutivas.
“Me voy, no necesito que nadie me eche. A mí no me echaría nadie de unas elecciones; no me echarían desde el partido porque tampoco lo iba a consentir; y ya dije que me marcharía cuando quisiera”, declaró ayer en la sede de la Diputación, donde convocó a los medios para anunciar su retirada y en la que no faltaron las críticas a los “jefes” del partido por hacer favores un día y al siguiente dejarte en la estacada y al abandono de la provincia por parte de “todas” las Xuntas.
A sus 71 años, el que se autodenominó “cacique bueno”, se aparta de la política tras haber logrado durante años superar el 50% de los votos en las elecciones. Baltar ya había advertido varias veces de su intención de abandonar el cargo, como también de “dejarlo todo preparado” para que le sucediera su hijo Manuel Baltar al frente de la Diputación, de la misma forma que hizo en 2010 para que le relevara al mando del PP de Ourense, frente al candidato de la dirección gallega, Jiménez Morán,
Aunque José Luis Baltar, al que la oposición ha acusado de montar una red clientelar en la provincia con la Diputación como centro de operaciones, eludió ayer hablar de una sucesión en favor de su hijo, en el partido se da por hecho que el relevo será familiar y que cuenta con el beneplácito de la ejecutiva gallega, que además estaba informada del anuncio que el barón ourensano iba a lanzar ayer. Baltar hijo deberá abandonar la vicepresidencia del Parlamento autonómico y el primer suplente para la corporación municipal, César Parente –alcalde de Nogueira de Ramuin–, renunciar al cargo para cedérselo a Baltar hijo. En la votación no habría problema, porque el barón controla el partido y sería toda una sorpresa otro resultado.
José Baltar, que ingresó en política en Coalición Galega, pero luego lideró la escisión de Centristas de Galicia y se integró en el PP cuando Fraga se presentó a la presidencia de la Xunta, explicó ayer que “este momento (el de la marcha) tenía que llegar porque no soy eterno”. “Este mmento me pareció el momento adecuado”, añadió el dirigente ourensano, a punto de dejar la Diputación, una institución polémica porque en la plantilla abundan los afiliados del PP y los familiares de cargos del PP.
Sus relaciones con el PPdeG nunca fueron fluidas del todo. Celoso de su poder, que en la provincia era casi absoluto, amenazó con escindirse del partido y llegó a amotinar a cinco diputados contra Fraga, que se encerraron en un piso para dejar al PP sin mayoría absoluta en el Parlamento, con el propósito de reclamar más cuota de poder.
Pero con Feijóo el entendimiento nunca cuajó. Para el actual presidente de la Xunta era un escollo para renovar el partido, que tuvo su mayor pulso en el congreso provincial, batalla que Baltar ganó pero no olvida. Quizás así se tengan que interpretar sus palabras de ayer, cuando, sin poner nombres, lanzó una andanada contra los “jefes”, en alusión a la dirección gallega. Baltar aseguró que su éxito estuvo en saber apoyarse en los “de abajo”, los militantes y los votantes, “que son los más fieles”, porque con su apoyo nadie sería capaz de tumbarlo. “Pero otra cosa son los de arriba, los jefes, que son como la veleta. Un día te hacen favores y mañana te dejan en la estacada. Los de arriba es muy fácil que te fallen”, dijo. Y, para acabar, lamentó el poco apoyo que el Ejecutivo autonómico ha dado a la provincia de Ourense, “algo en lo que tienen que ver todos los gobiernos de la Xunta”.










